Viejas y nuevas guerras sucias

Publicado en El Cotidiano

24 de octubre de 2021

Por Gilberto López y Rivas

Foto recuperada de: Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, A.C.


La guerra sucia del Estado mexicano iniciada desde la segunda mitad del siglo xx contra las oposiciones gremiales, democráticas y revolucionarias ha pasado relativamente desapercibida en el ámbito latinoamericano frente al carácter masivo del terror en las dictaduras militares del Cono Sur y Centroamérica. No obstante, la guerra sucia que vivió México desde los años sesenta, que algunos analistas controvertidamente consideran selectiva, produjo centenares de muertos y desaparecidos, como lo exhibió a la opinión pública nacional e internacional la sentencia en el 2009 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el Estado mexicano por el caso paradigmático de la desaparición forzada de Rosendo Radilla en 1974. Utilizo el término de “guerra sucia” para definir un tipo de crimen de Estado que –al margen de la Constitución y las leyes– tiene como propósito el aniquilamiento de los considerados “enemigos internos” por medio de su localización, seguimiento, captura, interrogatorio a través de la tortura, mantenimiento en cárceles clandestinas, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales, todo ello llevado a cabo por integrantes de las fuerzas armadas, agentes policiacos y de inteligencia, o grupos paramilitares que actúan bajo las órdenes –usualmente– de la Sección Segunda del Ejército (Inteligencia Militar). Se enfatiza la indefensión total de las víctimas de la guerra sucia, que son sustraídos de todo proceso legal y todos sus derechos conculcados, de tal forma que no hay posibilidad para las mismas y sus familiares de recurrir a la acción de la justicia, ya que el Estado cubre los actos de sus agentes con la impunidad y la secrecía, llegando incluso a premiarlos y ascenderlos por los “trabajos realizados” a su servicio. Recuerdo al viceministro de defensa de Guatemala en los tiempos del presidente Marco Vinicio Cerezo Arévalo, en una confrontada reunión con integrantes del Sistema Universitario Mundial (sum), mostrando las numerosas condecoraciones que portaba en el uniforme al tiempo que afirmaba entre orgulloso y amenazante: “¡esto es por los treinta años de lucha contra la subversión!”.


El estremecedor documental “Caso Rosendo Radilla, herida abierta de la guerra sucia en México”, dirigido por Gabriel Hernández Tinajero y Berenisse Vásquez Sansores, y producido por la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos y Witness, en el 2008, relata la historia real de Tita, la hija de Radilla, y la de muchas otras familias de desaparecidos en su búsqueda por conocer la verdad sobre lo ocurrido a sus padres, hijos, hermanos o esposos, en su exigencia de que el Estado mexicano reconozca su culpabilidad en la comisión de transgresiones graves y en la demanda de castigo a los responsables de las mismas.


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