Enseñanzas de los pueblos nahuas de Morelos en la defensa de la vida: Entrevista con Erika Hernández

Updated: Oct 4

Publicado en Camino al Andar

3 de octubre de 2022

Por Cátedra Itinerante Carlos Montemayor

“La violencia contra los pueblos y contra las mujeres es la violencia contra la Madre Tierra.” Fragmento del Considerando Primero del Decreto de los Pueblos Nahuas de Morelos en contra de la Minería y los Megaproyecto

Esta primera mitad del año 2022, los pueblos nahuas de Morelos y, en general, los pueblos originarios del país, han dado una lección de capacidad organizativa y dignidad en la defensa de los bienes comunes, en la defensa de la Trama de la Vida. Para enfrentar el Terricidio, como lo denomina Arturo Escobar, los pueblos del color de la tierra, organizados en el Congreso Nacional Indígena (CNI), han promovido acciones colectivas con un éxito contundente. Primero, en el marco de la Caravana por el Agua y por la Vida y contra el capitalismo convocada por el CNI y sus colectivos adherentes, representantes de las comunidades afectadas por distintos megaproyectos de muerte recorrieron diferentes territorios de Puebla, Veracruz, Ciudad de México, Guerrero, Oaxaca y Morelos para visibilizar la catástrofe y organizar la resistencia pacífica. Después, el pasado 24 de abril, en el poblado de Cuentepec, los pueblos nahuas de Morelos, de la mano de otras organizaciones indígenas del país, acordaron el “Decreto de los Pueblos Nahuas de Morelos en contra de la Minería y los Megaproyectos”, en el que se establece la prohibición definitiva de proyectos mineros y megaproyectos de infraestructura en sus territorios ancestrales:

La Madre Tierra, la vida que de ella se nace y nuestros territorios son sagrados para nuestro pueblo, para su historia y su memoria, así como para todas nuestras generaciones pasadas, presentes y futuras. En consecuencia, se prohíbe la minería en los territorios sobre los que el pueblo nahua del estado de Morelos guarda una ocupación tradicional, lo anterior con independencia del régimen de propiedad que pueda existir en dichos territorios; entendiendo el concepto “territorios” en los términos amplios que establece el numeral “2” del artículo trece del Convenio Número 169 de la Organización Internacional del Trabajo “Sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes” (Artículo Primero del Decreto de los Pueblos Nahuas de Morelos en contra de la Minería y los Megaproyectos, 2022).

El Decreto se produce en Cuentepec, bastión del idioma náhuatl en Morelos, que aún guarda en la memoria la resistencia contra la imposición de un hipódromo y un aeropuerto en los años 80. Recientemente, jóvenes activistas e intelectuales nahuas originarios de Cuentepec abrazaron la voz de sus abuelos campesinos y su relación espiritual con lo telúrico, y observaron con preocupación el reinicio de los embates del proyecto minero de capital canadiense, mal llamado Esperanza. El proyecto minero Esperanza fue derrotado en 2013 por una articulación de pueblos de Miacatlán, Xoxocotla y Alpuyeca, y académicos y ambientalistas urbanos de Cuernavaca, con el primer rechazo de la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) de la minera, por parte de la SEMARNAT. Era una primera batalla ganada, pero los vencedores sabían que era temporal, porque la infame Ley Minera en México otorga concesiones hasta por 100 años a los empresarios mineros para planear el despojo y reponerse de amparos y defensas legales. Desde 2018, con el arribo del nuevo gobierno estatal y federal, y el intercambio de funcionarios de gobierno a los escritorios del corporativo extractivista en una flagrante violación de ética de los servidores públicos, se promovió la idea en medios de comunicación de una “minería sustentable”, como si esto fuera posible, acompañada de nuevos amagos de inicio de operaciones. Y el pueblo de Cuentepec, entonces, miró su territorio cruzado de barrancas que el dragón de la tierra, Cipactli, horadó en el olvidado tiempo sagrado con su cola cósmica; miró los campos de siembra y el agua viva corriendo por los arroyos; miró la vieja ciudad en ruinas, Xochicalco, Casa de las Flores, habitada más de mil años antes por sabios, astrónomos y artistas cosmopolitas de Mesoamérica; y supo que esa era la herencia inmensurable de sus ancestros que los trascabos y palas mecánicas de la empresa minera pulverizarían como la roca que esconde las briznas de oro en su interior.

Cuentepec se organizó entonces para decirle no a la mina. En Asamblea, acordó sumarse a las luchas de algunas familias del pueblo colindante, Tetlama, y a las voces de los pueblos vecinos que se oponen al proyecto minero desde al menos una década atrás, como Xoxocotla, Coatetelco y Miacatlán. Asimismo, se aliaron al Congreso Nacional Indígena que, hermanado con el EZLN, hacen el más importante esfuerzo de organización anticolonial de los pueblos indígenas mexicanos, y juntos prohibieron la minería y cualquiera otra infraestructura ecocida en sus territorios mediante el Decreto de los pueblos nahuas. Un decreto que en su redacción no deja fisuras legales ni posibilidad de ser rebatido por los leguleyos al servicio del capital. Menos de dos meses después, en mayo, la SEMARNAT volvió a ratificar el argumento presentado en 2013 donde advierte que el proyecto de la mina a cielo abierto es un riesgo enorme para “al menos 200 mil habitantes de los municipios de Temixco, Xochitepec, Miacatlán, Coatetelco y Emiliano Zapata” (Comunicado de Prensa Núm. 32/22; Semarnat, 21 de mayo del 2022). Y como sucede con frecuencia, la participación de las mujeres se vuelve la avanzada de las resistencias de sus pueblos.


Junto con otras mujeres profesionistas nahuablantes bilingües de Cuentepec, Erika Ixhel Hernández abrazó a su comunidad para resistir el proyecto minero Esperanza, y acordó con sus comunidad articularse con el CNI. Erika participó con entusiasmo en la redacción del Decreto que pone fin a la “Esperanza de la desesperanza”, la mina a tajo abierto en el cerro sagrado del Jumil. Pero ese ánimo de resistencia y articulación viene de atrás, de cuando se adhirió con el colectivo de Futuros Indígenas, una organización internacional de jóvenes de la América Profunda que hace suyas las demanda del Abya Yala, de los pueblos del continente; y de cuando leyó durante su formación universitaria los relatos de opresión, vulnerabilidad y violencia que sus colegas trabajadoras y trabajadores sociales narran en los textos que la instruyeron profesionalmente; y de cuando constató personalmente en la última COP del clima en Glasgow, Escocia, que arriba se articulan para seguir mintiendo, explotando y enfermando a la Madre Tierra y a sus criaturas vivas y sintientes, ocultando el ecocido y genocidio racista detrás del discurso de mercadeo supuestamente verde.


Erika es una voz calificada para ayudarnos a comprender los argumentos de su comunidad en contra del proyecto minero que amenaza con acabar con miles de años de memoria viva que habla desde su lengua y la conservación de su territorio ancestral. Con su voz clara, sentados en una banca bajo la sombra de los árboles del pequeño quiosco de Cuentepec, nos ofrece su palabra.

Foto: Héctor Zetina (2022)


-¿Cómo fue que te involucraste en el activismo en defensa del territorio que te llevó a participar en la COP 26, sobre el clima, en Glasgow?

-Años atrás me comencé a preocupar por el extractivismo que se hace en los territorios de los pueblos. El año pasado salió una convocatoria donde se invitaba a participar a comunicadorxs, activistas y defensorxs de la tierra para aprender metodologías para la defensa del territorio, y también sobre otras luchas. Y la convocatoria me gustó mucho porque significaba un cambio de narrativas, sobre todo con lo que tiene que ver con el cambio climático. Yo no era comunicadora, y tampoco me consideraba activista; pero pensando en la mina pensé que había una emergencia para mi pueblo y decidí participar. Me llamó la atención el concepto de hackeo cultural, y también lo del concepto de Futuros indígenas. Entonces aceptan mi solicitud y entramos en esta red. Participo en el seminario y conozco otras luchas de pueblos en el país, y también pude compartir lo que pasa en nuestras comunidades en Morelos. Y ahí encontré a otras personas del CNI. Al terminar el seminario decidimos mantenernos informados y en contacto. El seminario fue en línea, porque estábamos en pandemia, así que no quisimos quedarnos con solo un diploma, sino apoyarnos y conformar una red. Así nació Futuros Indígenas. Cuando había algún problema nos organizamos, sacamos carteles e informábamos sobre los problemas y las luchas.


Luego otro grupo de jóvenes parecido al de nosotros, denominado Legaia y División Juvenil nos contactó y nos dijo que si estábamos interesados en asistir a la COP, en Glasgow, para hablar desde nuestra perspectiva sobre el tema. No se trataba de promover el reciclaje o cosas así como solución al problema, sino de aspectos más profundos. Aclaradas las razones de nuestras asistencia a ese evento concluimos que de hacerlo nuestro fin sería el de tejer resistencias junto a otros pueblos.


Y en ese momento no teníamos recursos, nada más las ganas de asistir, así que a través de asambleas y solicitudes con distintas redes logramos conseguir el recurso. Nos organizamos una delegación de diez, y nos denominamos Defensoras de la Tierra. Lo increíble es que las autoridades mexicanas no nos dejaban subir al avión, aunque llevábamos todos nuestros papeles, nuestras vacunas y todo en forma. Hasta nos dijeron que si no teníamos pasaporte diplomático no podíamos subir al avión. Pero bueno, finalmente pudimos ir. Lo que pude ver es que en las COP lo que sucede es lo que llaman “greenwashing”. Es decir, las empresas, los gobiernos y los poderosos intentando hacer negocios de cualquier forma, sin realmente interesarse en los problemas que le puede provocar a la gente. Como lo que pasa con las eólicas en Oaxaca, por ejemplo. Pero lo que sabíamos es que lo que importa es la organización desde abajo, que en realidad es la única forma de combatir realmente el cambio climático. Y sí logramos articularnos con compañeras y compañeros de otros lugares de América Latina y África, donde los impactos del calentamiento global son muy duros, y del colonialismo también.

Oficina de la Ayudantía Municipal de Cuentepec dedicada a Zapata y Rubén Jaramillo. Foto: Héctor Zetina


-Entonces esta experiencia te dio las dos visiones sobre la defensa de la naturaleza: la que viene de los negocios y los gobiernos; y la que se desarrolla desde la organización de abajo, de los pueblos.


-Sí, exactamente. Y entonces me quedó claro que el problema era muy fuerte y que había que iniciar el proceso en mi comunidad. A mover a las personas y concientizarlas, a comunicar el problema. Sobre todo me preocupaba que se acabaran las dinámicas comunitarias, que en Cuentepec son muy ricas y profundas. Me preocupaba ver que mi pueblo termine desplazado, que pierda su sentido de pertenencia. Sin duda todo esto me movió a actuar. Y bueno, mi formación como trabajadora social también me permitió ver la importancia de actuar y sensibilizar a mi comunidad. En la educación, pues también he tenido oportunidad de dar clases en la Universidad. Y sé que la educación también es una buena vía para lograr esa sensibilización, esa visibilización de los problemas que el capitalismo impone.


-El 24 de abril sucedió un hecho histórico: el “Decreto de los pueblos nahuas sobre la prohibición la minería y los megaproyectos en sus territorios”. ¿Cómo fue ese proceso?

Pues con el apoyo de tantas compañeras y compañeros de la propia comunidad, como él de Alejandra Domingo, licenciada en derecho, que ha tenido un papel importantísimo en este proceso, así como del ayudante municipal, Calixto Salazar, y tantas y tantos compañeros que me llevaría mucho tiempo nombrar. Y por supuesto de las compañeras y compañeros del CNI, que nos han acompañado y fortalecido como organización, ligada también con pueblos y colonias que serán afectados por esta mina, si es que se echa a andar. Así que por eso nos denominamos Unificación de Pueblos y Colonias contra la Minería en Morelos.


Y es que la gente ya está sensibilizada. Hemos decidido en Asamblea no aceptar ningún apoyo que tenga que ver con la empresa minera, y hemos advertido a la escuela que por ningún motivo reciba apoyo de la compañía ligada a la mina. La gente está muy al pendiente de que esto no suceda.


-Y se puede decir que por decisión colectiva y en asamblea Cuentepec ya es parte del Congreso Nacional Indígena.

Pues sí, exactamente. Mientras así lo considere la Asamblea del pueblo, ahora lo somos y lo seguiremos siendo.


-¿Qué planes tiene Erika hacia el futuro?

Como parte del pueblo nahua, defender a mi comunidad, junto con mis compañeros y compañeras. En la parte profesional seguir enriqueciendo mi conocimiento en diversos temas relacionados a lo social. El trabajo social es muy amplio, y permite incidir de múltiples maneras en diferentes problemáticas. Me gusta mucho mi profesión, así que tal vez hacer una maestría, y seguir buscando la manera de apoyar a mi comunidad y, a la vez, enriquecerme con esfuerzos comunitarios que suceden en otros lugares, para fortalecer nuestras luchas de manera local, regional y nacional.


-Mucho éxito, entonces. Gracias por ofrecernos esta entrevista.


Texto y entrevista por Héctor Zetina (Cátedra Carlos Montemayor)



Red Morelense en Apoyo al Congreso Nacional Indígena-CIG

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