La guerra ¿Y nosotros qué?

Publicado en Camino al Andar

16 de mayo de 2022

Por Sergio Rodríguez Lascano


Ningún hombre es una isla

entera por sí mismo.

Cada hombre es una pieza del continente,

una parte del todo.

Si el mar se lleva una porción de tierra,

toda Europa queda disminuida,

como si fuera un promontorio,

o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.

Ninguna persona es una isla;

la muerte de cualquiera me afecta,

porque me encuentro unido a toda la humanidad;

por eso, nunca preguntes

por quién doblan las campanas;

doblan por ti.

(John Donne)

Foto: Francisco Lion


Introducción


Creo que una de las grandes limitaciones de los análisis sobre el capitalismo ha sido la incapacidad para ubicar la guerra como una herramienta central en su surgimiento, crecimiento, decadencia y mantenimiento; estamos hablando de un sistema de muerte.


Desde sus orígenes mismos el capitalismo llegó chorreando sangre. Sin embargo, se podía hacer una diferencia entre lo que fueron los propios procesos productivos (llenos de violencia y humillación) con lo que era, simplemente, la otra cara de la moneda: las guerras.


Muchos han señalado que el origen de la conformación de los Estados-Nación fue el resultado de la guerra de los 30 años y la paz de Westfalia, firmada el 24 de octubre de 1648. El gran cisma religioso entre católicos y protestantes fue el marco en que se desarrolló una confrontación que definiría cuáles clases dominantes tendría la posibilidad y capacidad de conformar Estados y quiénes ya no lo podrían hacer y serían simplemente alimento de las grandes potencias que dominaron la historia en Europa (sólo dos excepciones se dieron posteriormente, la conformación del Estado alemán y la del italiano a finales del siglo XIX).


La época del imperialismo estuvo marcada por la conflagración, por la búsqueda de espacio vital, para esa nueva fase que requería de un reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes para asegurar materias primas y salida de sus mercancías. Como los Estados nacionales que surgieron más tarde no tuvieron acceso a ese reparto, se hizo indispensable la guerra para obligar a un nuevo reparto. Dos guerras mundiales fueron necesarias para garantizar una hegemonía que impusiera sus reales, ya no a simples colonias sino al mundo entero.


Después de la Segunda Guerra Mundial se vivió un proceso de descolonización, es decir, estallaron decenas de guerras —período que los compañeros zapatistas nombraron como una Tercera Guerra Mundial— que arrojaron por lo menos dos decenas de millones de muertos.


En muchos sentidos, esas guerras se dieron en el marco de lo que se conoció como Guerra Fría, sin embargo, fueron sobre todo guerras de liberación nacional, en la búsqueda por construir Estados nacionales, varios siglos después de que se estructuraron los iniciales. El resultado en casi todos lados fue que, muy rápidamente, esos países pasaron de ser coloniales a semicoloniales. Tenían independencia política, pero sufrían una dominación económica creciente.


El proceso de consolidación de la globalización-internacionalización capitalista (ataque y casi eliminación de las conquistas sociales de los trabajadores del campo y la ciudad; proceso de deslocalización del capital, logrando que la geografía diseñada por Carlos Marx en su texto El Capital se complete del todo; el debilitamiento hasta el ocaso de los Estados Nacionales; la eliminación de los aranceles fronterizos, la aniquilación de los mercados nacionales; la conversión en mercancía de toda la actividad política, lo que importa no es el contenido sino el envase; el avance de una ideología que apela siempre a señas de identidad ficticias y reaccionarias, que no buscan sino favorecer un capitalismo de los sentimientos) culmina con un capital dominante que devora todo lo que encuentra a su paso.


Pero quizá el hecho más importante es que la guerra y los procesos productivos no son dos caras de una misma moneda, ahora se trata de una moneda con una sola cara por los dos lados, en la que se manifiesta la convivencia de los procesos productivos (incluyo aquí la producción, la circulación y el consumo) con la guerra.


El sistema avanza en su reconquista del mundo. No importa lo que se destruya, quede o sobre: es desechable mientras se obtenga la máxima ganancia y lo más rápido posible. La máquina está volviendo a los métodos que le dieron origen —por eso nosotros les recomendamos leer la “Acumulación Originaria del Capital”—, que es mediante la violencia y mediante la guerra que se conquistan nuevos territorios (300. Primera parte: una finca, un mundo, una guerra, pocas probabilidades. Subcomandante Insurgente Moisés, SupGaleano).


De esta manera, la economía es la continuación de la guerra por otros medios y la guerra es la continuación de la economía por otros medios.


La guerra se ha convertido en un factor productivo no sólo por lo obvio: las ganancias de las grandes empresas multinacionales de la industria militar, sino por algo aún más central y que fue explicado desde 1997 por los compañeros zapatistas.


Su estrategia de DESTRUCCION / DESPOBLAMIENTO Y RECONSTRUCCION / REORDENAMIENTO produce una o varias fracturas en los Estados Nacionales.


Esta es la paradoja de la IV guerra mundial: hecha para eliminar fronteras y unir naciones, lo que va dejando atrás de sí es una multiplicación de las fronteras y una pulverización de las naciones que perecen en sus garras. Mas allá de los pretextos, ideologías o banderas, la actual dinámica MUNDIAL de quiebre de la unidad de los Estados Nacionales responde a una política, igualmente mundial, que sabe que puede ejercer mejor su poder, y crear las condiciones óptimas para su reproducción sobre las ruinas de los Estados Nacionales.” (7 piezas sueltas del rompecabezas mundial. El neoliberalismo como rompecabezas: la inútil unidad mundial que fragmenta y destruye naciones, Subcomandante Insurgente Marcos).


Cada guerra permite la destrucción, el despoblamiento y luego la reconstrucción y el reordenamiento. Estos dos últimos elementos representan el botín de guerra para el gran capital, ya sea en Irak o en Yemen o en Palestina o en Siria o en Ucrania… ¿en Rusia? Mejor aún si una guerra estalla después de una pandemia o en medio de ella. Para el capital no hay como los páramos para generar sobreexplotación, acumulación por pillaje y despojo, represión, desprecio (en especial racismo) es decir ganancias y dominación extraordinarias.


A diferencia de lo que se nos decía hace años, el capitalismo requiere del desequilibrio, de la destrucción, del miedo, la zozobra y del caos para asegurar su dominación. Ésos son sus elementos básicos de reproducción, sus alimentos, su hábitat, su zona de confort.

Foto: Francisco Lion


1. La guerra en Ucrania y su marco sistémico


Una de las cosas que más me ha sorprendido de los análisis que ha hecho una buena parte de la gente que se dice de izquierda ha sido que se equivocan de año. Su añoranza por el campo soviético les hace confundir a Putin con Lenin, al ejército rojo que derrotó a los nazis con el actual ejército ruso, al mariscal Gueorgui Zúkov con Alexánder Dvornikov, al ejército nazi del III Reich con Azov, una banda de fascistas ucranianos; a Hitler con Zelensky.


En la base, se ubica un pensamiento binario restrictivo que busca obligar a las personas a escoger: o con el gobierno de Putin o con el gobierno de Zelensky. Desde su génesis hasta la actualidad este pensamiento, que aparte de todo y sobre todo refleja una flojera para buscar la problemática real de los procesos, se ha demostrado erróneo hasta el cansancio.


Parecería que es indispensable ofrecer una información: el capital reina en Rusia. La reconversión de una parte de los viejos líderes soviéticos (de la KGB pasaron a ser los grandes burgueses o los miembros del gobierno o las dos cosas) en la burguesía financiera rusa; el más claro ejemplo, pero no el único, lo podemos ubicar en el Rossiya Bank, creado en 1990 por Mijaíl Gorbachov, cuando ya era claro el estallido de la Unión Soviética, una parte importante de los bienes y fondos del PCUS fueron depositados en ese banco. Con Putin en el gobierno esa relación es aún más importante, tomando en consideración que su hija está casada con el hijo de uno de los propietarios de ese banco, por eso en los Panamá papers se señala la importancia de este banco para enviar a los paraísos fiscales las fortunas de la élite rusa gubernamental.


Entonces, no se trata únicamente de la inclusión de 117 rusos en la lista de multimillonarios que publica la revista Forbes, sino de la participación de empresas y empresarios rusos en la conformación del capital financiero mundial.


El problema, creo, es que mientras que la economía rusa representa el 1.7 del Producto Interno Bruto Mundial, es la segunda fuerza militar del mundo. Ese desfase se ha convertido en una obsesión para el gobernante ruso. Eso lo lleva a retrotraerse y a buscar a sus nuevos aliados: Víktor Orbán, Marine Le pen, Mateo Salvini, Alicia Weidel y los ideólogos de Vox (los fascistas españoles), los cuales escribieron lo siguiente: “Rusia es culpable de tener en el Kremlin a un líder patriota y al mayor genio geopolítico del presente”, creo que lo mismo piensan varios intelectuales de izquierda del mundo.


El problema principal no se ubica entonces en buscar un campo bueno y un campo malo. El 20 de agosto de 2018, los zapatistas escribieron lo siguiente:


Entonces, ante esas crisis que el mismo capitalismo provoca, que provoca migración, provoca catástrofes naturales; que se acerca al límite de sus recursos energéticos fundamentales (en este caso el petróleo y el carbón), parece que el sistema está ensayando un repliegue hacia dentro, como una antiglobalización, para poder defenderse de sí mismo y está usando a la derecha política como garante de ese repliegue.


Esta aparente contracción del sistema es como un resorte que se retrae para luego expandirse. En realidad, el sistema se está preparando para una guerra. Otra guerra. Una total: en todas partes, todo el tiempo y con todos los medios (300. Primera parte: UNA FINCA, UN MUNDO, UNA GUERRA, POCAS PROBABILIDADES).


Podemos platicar y discutir sobre si la guerra era evitable y puede ser que sea un ejercicio interesante, pero la realidad es que ésta es una guerra provocada por la invasión rusa a Ucrania, no hay que olvidar el dato y esa guerra favorece por ser necesaria para el sistema capitalista.


Atrás encontramos varios factores: los energéticos (petróleo y gas), los agrícolas (Rusia y Ucrania son los graneros de Europa), los fertilizantes (la Federación de Rusia es un exportador clave de fertilizantes, en 2021 se situó como el principal exportador mundial de fertilizantes nitrogenados y el segundo proveedor de fertilizantes potásicos y fosforados del mundo).


Sin embargo, el caso más ejemplificador es el del sector armamentista. La guerra en Ucrania ha representado una gran oportunidad. Varios medios han reportado que a unos cuantos días de iniciada la guerra entre Rusia y Ucrania, el valor de las 15 empresas armamentistas con mayores ventas del mundo aumentó en alrededor de 8,150,000,0000 de dólares (nueve de ellas norteamericanas).


Un día antes del inicio de la invasión, dichas compañías tenían un valor conjunto de 804,000,000,000 de dólares, mientras que al término de la sesión del 2 de marzo se ubicó en 885,881,000,000 de dólares, un 10% de incremento.


Las empresas más poderosas del mundo son: Lockheed Martin, Boeing, BAE Systems, Raytheon Technologies Corporation (varias de ellas tienen fábricas en México). Se trata de auténticas multinacionales que tienen ramificaciones en todo el mundo y que en 2021 habían visto disminuir sus ventas.


En el caso de la Federación Rusa su principal empresa armamentista es de carácter estatal: Rosoboronexport Unitaria. Antes del inicio de la guerra contaba con oficinas en 44 países, sus activos totales eran un poco mayores a los 12,000,000,000 de dólares, cantidad muy inferior si los comparamos con los de la empresa Lockheed Martin: 50,000,000,000 de dólares.


A pesar de que no existe comparación en el terreno de la inversión y las ganancias, la industria militar rusa estatal ha jugado un papel clave para el fortalecimiento de los sectores privados de la economía rusa, en especial el sector metalúrgico (que representa el sector más poderoso del capitalismo ruso).


La guerra es y será aún más utilizada por los grandes señores del dinero, no importa en qué lugar se ubique su oficina matriz, para reorganizar los procesos productivos y los juegos financieros. Esto adquiere una gran importancia frente a las caídas productivas, a consecuencia de la pandemia de COVID-19.


Para el capital sería absurdo analizar este proceso desde la perspectiva de las graves consecuencias que esto significará para la inmensa mayoría de la población. Esto nunca es su problema, pero creo que sí debería ser el de la gente que se dice de izquierda.


Para el sistema capitalista el hecho concreto es que la guerra es un escenario que se usa para limpiar (disminuyendo) a los competidores, comiéndose empresas y limpiando el mercado. Mientras que se echan sobre las espaldas de los trabajadores del campo y la ciudad las consecuencias, desde luego; pero si eso no significaba mucho para los señores del dinero en el pasado, ahora, que también son los señores de la guerra, no significa nada.

Foto: Francisco Lion


2. La guerra y los “análisis” geopolíticos


Siempre que una guerra estalla se levanta una ideología que busca su justificación, la idea atrás es tratar de justificar lo injustificable. En 1914, la socialdemocracia de toda Europa, cada una desde su posición en el conflicto, usó argumentos geopolíticos. La socialdemocracia alemana quería liberar a Europa y en especial al pueblo ruso de las horcas caudinas de los sátrapas Romanovs. La otra parte quería liberar a Europa de la amenaza militarista alemana. Los que estaban en contra de la guerra eran un puñado. La inmensa mayoría celebraba fiestas y orgías porque la guerra iba a estallar, como si fuera la continuación de la Belle Époque. Poco duró el engaño, en las dos batallas del Marne (más de 500,000 muertos) quedaron enterradas las ilusiones de la guerra y de los análisis geopolíticos.


Los sionistas del Estado de Israel han expulsado a la mayoría de los palestinos bajo la excusa de lo que pasó en Masada en el año 74 de nuestra era, cuando el imperio romano llevó a cabo una masacre de judíos o en “razón” del holocausto que llevó a cabo el nazismo contra el pueblo judío, después del ascenso de Hitler. Desde luego, los palestinos no tienen nada que ver con ninguno de los dos hechos históricos.


Los autócratas y asesinos jeques de Arabia Saudita bombardean a diestra y siniestra a Yemen, y lo hacen bajo la excusa de combatir a los fundamentalistas islámicos.


La idea básica es sencilla: la guerra también se libra en el terreno de los sentimientos. Siempre es bueno tener un subterfugio que no tan sólo vele y oculte las verdaderas intenciones, sino que busque exaltar “valores” morales para llevar a cabo las masacres; o que incluso, evite que le digan invasión a lo que es una invasión o guerra a lo que es una guerra y entonces le llamen: “operación militar para evitar un holocausto”, como lo hace el déspota Vladimir Putin.


Otra de las grandes coartadas es sustituir un análisis basado en la vinculación del sistema capitalista con la guerra, poniendo en su lugar a la geopolítica.


El análisis que tiene como punto de partida y llegada a la geopolítica siempre es un análisis de arriba, un análisis que parte y se queda en el terreno de los Estados, sus clases dominantes y sus aparatos militares de coerción. El mundo es un tablero y como si se tratara de Monopoly se analiza la correlación de fuerzas. ¿Quién nunca aparece? La gente, los seres humanos nunca aparecen más allá que como una estadística ubicados en el casillero de daños colaterales.


Dicen los compañeros zapatistas:


Invadirán otras geografías para salvarlas de la “tiranía neonazi” o para terminar con “narco-estados” vecinos. Repetirán entonces las mismas palabras de Putin: “vamos a desnazificar” (o su equivalente) y abundarán en “razonamientos” de “peligro para sus pueblos”. Y entonces, como nos dicen nuestras compañeras en Rusia: “Las bombas rusas, los cohetes, las balas vuelan hacia los ucranianos y no les preguntan sobre sus opiniones políticas y el idioma que hablan”, pero cambiará la “nacionalidad” de las unas y de los otros (NO HABRÁ PAISAJE DESPUÉS DE LA BATALLA. Sobre la invasión del ejército ruso a Ucrania).


Me parece fundamental a destacar lo que le dijeron a la Comisión Sexta Zapatista sus compañeras rusas. Se tira un misil hacia un edificio habitacional del este de Ucrania, en la región de Donbás, donde la mayoría de la población es ruso-parlante, lo cual no quiere decir que esté a favor de la anexión a Rusia. En ese edificio pueden vivir personas que hablen ucraniano, otros que sean ruso parlantes que quieren mantenerse en Ucrania y otros que estén por formar parte de la Federación Rusa. Sin embargo, en efecto, esa bomba no va a distinguir, afectará a todos sin piedad alguna.


Yo conozco la respuesta que muchos analistas de izquierda que viven de la añoranza del pasado darían: “sí, que pena, pero eso es un mal menor para favorecer un bien mayor”. Siempre el “mal menor” resulta en el asesinato de miles de seres humanos.


¿Cuál es el bien mayor? ¿Debilitar al imperialismo yanqui? ¿fortalecer al nuevo zar de Rusia? Algunos van más lejos y señalan que es lo mismo que los millones que murieron para evitar el triunfo del Tercer Reich. ¿En serio alguien puede creer que Zelezky es el peligro nazi para el mundo?


O más bien se trata de ese resorte que se prepara para posteriormente expandirse, del que hablan los compañeros zapatistas.


Al final, efectivamente el peligro es que no habrá paisaje después de la batalla. Ucrania y, muy probablemente, Rusia, serán territorios de conquista, no importa quién gane.


Si pierden los rusos, la extensión de territorio para conquistar será inmenso.


Si ganan los rusos pues indudablemente que lo que sigue es dominar Ucrania bajo la coartada del pasado mitológico de la formación del Rus de alrededor del siglo X. Llama la atención cómo estos nacionalismos reaccionarios —como el de Putin, Orban, Salvini, Marine le Pen— escarban en el pasado buscando una razón para justificar su actuación xenófoba, racista y prepotente en el presente. Ya sea el Rus o el pueblo magyar o la invención de una Padania en la parte norte de Italia o una reivindicación bastante discutible de Juana de Arco).


Esas señas de identidad son las respuestas a los procesos de internacionalización del capital. Pero representan una falsa conciencia, que busca aprovechar el fracaso de las propuestas emancipatorias de izquierda.


No es posible pensar que el resurgimiento de esos nacionalismos refleje solamente procesos propios. Atrás también se ubica una forma de entender, formular y practicar una política de izquierda que casi siempre ha partido de una visión profundamente despectiva de los de abajo, al ubicarlos como simples receptáculos de sus designios.


Por eso, no es gratuito que una parte importante del voto por Marine le Pen provenga de las personas que viven en los viejos bastiones del Partido Comunista Francés; una cuestión similar sucede en el caso de Italia y Alemania.


Desde luego, si volteamos hacia todo lo que era el llamado “socialismo real” pues la cuestión es más evidente. El resurgimiento de nacionalismos excluyentes no es sino un reflejo de años de dominación política que ahogaba la más mínima libertad. Todos esos nacionalistas miembros de los gobiernos actuales fueron miembros de los diversos partidos comunistas y lo mismo sucede con sus grandes burgueses.


De alguna manera este hecho nos debe provocar algún tipo de reflexión, que en algún momento habrá que realizar.


Parafraseando un viejo concepto, podríamos decir que el nacionalismo es la enfermedad senil de un izquierdismo hegemonista y excluyente. Una buena parte de las corrientes que se consideraban o se consideran de izquierda buscan asirse al clavo ardiente del nacionalismo, que les ofrece seguridad (porque les evita problematizar los hechos) y les otorga tranquilidad espiritual; ese clavo ardiente contiene en su seno el concepto hegemónico tan preciado para ellas. Ese concepto vincula hegemonía con homogeneidad (no puede existir el uno sin el otro). Todo lo que es diferente es reaccionario y proimperialista. No quisieron ver las vigas del pasado y ahora ya no pueden ver nada.


El momento político —con el que algunos soñaban— en el que volverían los grandes debates revolucionarios estratégicos, no sólo no está próximo sino que nos encontramos muy lejos del mismo.


Las bolsas de resistencia o los pequeños focos de rebeldía son lo poco con lo que hoy se cuenta y, creo yo, no está por demás decirlo, son la base desde la cual se podría partir (si acaso es posible) hacia una recomposición de la lucha de las y los de abajo.


Estamos tan lejos de ese momento político que incluso algunos compañeros de izquierda radical piensan que la invasión rusa a Ucrania es un problema europeo, y que solamente ellos tienen el conocimiento para debatir esa guerra.


Es una pena, pero se equivocan, éste es un tema que nos atañe a todos. Este mundo que avanza hacia su destrucción y una parte esencial de esta dinámica es que se camina hacia el estallido de más guerras, más de las ya varias que existen abiertamente o de las que se encuentran escondidas como expoliación, acumulación por saqueo, l@s muert@s y desparecid@s por una guerra que se lleva a cabo en todo el mundo, en especial en contra de las mujeres y l@s niñ@s.


Y es preferible ver a la cara el problema. En su decadencia, el sistema capitalista (decadencia no quiere decir que esté ya en su “fase” final; tantos años se nos ha anunciado el fin del capitalismo que ya hasta The Economist lo discute con gran soltura) cada vez más va a echar mano de las guerras abiertas. No sólo porque son útiles para navegar en su decadencia, sino porque forman parte de su ADN como sistema. El capitalismo requiere la guerra porque es el mejor camino para perfeccionar la dominación y la acumulación.


Por eso fue tan importante la posición de los compañeros zapatistas. En especial, cuando recuerdan que producto de la reciente Gira por la Vida tomaron contacto con colectivos rusos y ucranianos:


CUARTO.- En lugar de acudir a lo que difunden los medios de comunicación y las redes sociales de los bandos respectivos —y que ambos presentan como “noticias”— o a los “análisis” en la súbita proliferación de expertos en geopolítica y suspirantes por el Pacto de Varsovia y la OTAN, decidimos buscar y preguntar a quienes, como nosotras, se empeñan en la lucha por la vida en Ucrania y Rusia.


Después de varios intentos, la Comisión Sexta Zapatista logró hacer contacto con nuestros familiares en resistencia y rebeldía en las geografías que llaman Rusia y Ucrania.


QUINTO.- En resumen, éstos nuestros familiares, quienes además levantan la bandera de la @ libertaria, se mantienen firmes: en resistencia quienes están en el Donbass, en Ucrania; y en rebeldía quienes caminan y trabajan las calles y campos de Rusia. Hay detenidos y golpeados en Rusia por protestar contra la guerra. Hay asesinados en Ucrania por el ejército ruso.


Les une entre ellos, y a ellos con nosotros, no sólo el NO a la guerra, también el repudio a “alinearse” con gobiernos que oprimen a su gente.


En medio de la confusión y el caos en ambos lados, les mantienen firmes sus convicciones: su lucha por la libertad, su repudio a las fronteras y sus Estados Nacionales, y las respectivas opresiones que sólo cambian de bandera (NO HABRÁ PAISAJE DESPUÉS DE LA BATALLA. Sobre la invasión del ejército ruso a Ucrania, Comisión Sexta Zapatista).


Hace poco leí una entrevista que me pereció muy interesante. En la parte final de la misma los entrevistados (dos ucranianos) decían:


Denis Pilash: Fue todo un símbolo que poco antes de la invasión rusa viniera una delegación de sindicalistas y políticos de izquierda británicos que hablaron aquí sobre el terreno con activistas sindicales y grupos de derechos humanos, movimientos feministas, y manifestaron su solidaridad frente a una agresión real. No hubo una respuesta así por parte de gente de la derecha o del centro liberal. Fue un genuino apoyo de base entre personas explotadas, oprimidas y marginadas que sufrían bajo el mismo sistema de explotación y discriminación y marginación. Por eso necesitamos esta solidaridad popular, no la falsa solidaridad de los gobiernos.


Shaun Matsheza: ¿Algún comentario o mensaje final?


Denys Gorbach: Pienso que estas tristes circunstancias demuestran que es hora de construir una solidaridad práctica de carácter anticapitalista, contra el cambio climático y antimilitarista. Concretamente, hemos de hacer confluir estas tres cuestiones en un movimiento que hoy pueda alzarse en contra de la guerra, así como en contra del imperialismo que destruye nuestro planeta.


Denis Pilash: Espero que al tiempo que reivindicamos cosas específicas de Ucrania también podamos ir más allá hacia un ámbito más global. De modo que cuando hablamos de apoyo y ayuda a la gente refugiada ucraniana, nuestras demandas se extiendan a las gentes refugiadas de todo el mundo. Si pedimos la cancelación de la deuda exterior ucraniana, la extendemos a la cuestión del endeudamiento de la mayoría de los países, especialmente los más pobres. Si reclamamos el embargo de los bienes de los oligarcas rusos y tal vez también ucranianos para utilizarlos en la reconstrucción de Ucrania, planteamos asimismo la cuestión de los paraísos fiscales utilizados por la clase capitalista global para guardar sus fortunas. Si exigimos que se bloqueen los suministros de petróleo y gas de Rusia, deberíamos hacer lo mismo con los de países como Arabia Saudí con su guerra criminal contra Yemen. Ésos son imperios del combustible fósil con los que hay que romper mediante una reconstrucción ecosocialista del sistema mundial.


Así que toda cuestión menor forma parte de un planteamiento más amplio. Por eso es tan importante que haya esta solidaridad y este intercambio entre pueblos de diferentes regiones, que están afectados todos por problemas que básicamente son los mismos, por mucho que en un momento dado se enfrenten a dinámicas y contextos específicos (Disponible en <https://correspondenciadeprensa.com/?p=24876>).


Creo que por ahí hay que buscar los vasos comunicantes con la gente que no sólo lucha contra la guerra, sino contra el sistema que las promueve y que se aprovecha de las mismas.

Foto: Francisco Lion


3.- Una movilización, una experiencia, una forma de hacer política.


El domingo 13 de marzo, la Comisión sexta del EZLN llamó a una jornada internacional para llevar a cabo movilizaciones y manifestaciones contra TODAS LAS GUERRAS capitalistas y a partir de ahí: “Planteamos entonces el arranque de una campaña mundial en contra de las guerras del capital, cualquiera que sea su geografía. Organizar conciertos, encuentros, festivales, reuniones, etc. En fin, las artes contra las guerras (Disponible en: <https://enlacezapatista.ezln.org.mx/2022/03/09/domingo-13/>).


Los pueblos zapatistas, por su lado llevaron a cabo seis manifestaciones en seis municipios diferentes de Chiapas que concentraron a decenas de miles de compañer@s.

Foto: Enlace Zapatista


¿Qué es lo que lleva a estos pueblos a decidir movilizarse sobre algo que está tan lejos de su tierra?


Otra vez, lo primero es saber que —como todo lo que hacen los zapatistas— ésta no fue una decisión u ocurrencia de sus mandos, fue algo que debió de discutirse en cada comunidad, en cada pueblo. Es decir, no se trata de convocar a una movilización y ya, sino de provocar una reflexión comunitaria que implica un chingo de cosas. Desde mapas, hasta conversatorios sobre las historias y, sobre todo, escuchar a los pueblos lo que dicen, lo que piensan, producto de su historia y de su experiencia concreta. De esa historia y experiencia que fueron a platicar en su Gira por la Vida. Ellos son expertos en lo que significa la guerra y lo que significa resistir y dar un salto gigante hacia la rebeldía.


Digo esto sin saber realmente si así pasó, pero conociendo un poco sobre cómo hacen y deciden sus cosas los compañeros creo no equivocarme.


Mientras nosotros realizábamos una movilización pequeña en la Ciudad de México, pude ver algunos videos de lo que estaba siendo la movilización en Chiapas.


No tan sólo me llamó la atención la cantidad de participantes, su organización, la convicción de lo que estaban haciendo.


No hubo oradores, no hubo un templete, no hubo la parafernalia del mitin.


¿Pero qué sí había?


Mantas en las que mostraban su repudio a la guerra y al capitalismo. Consignas; los participantes no iban de paseo, gritaban contra la guerra, contra el capitalismo, vinculando ambas cosas. Repartían volantes; cuestión que ahora, parece, forma parte de la prehistoria de la izquierda. Atrás de esta desmemoria se ubica la convicción de que el objetivo no es hablar con los que no saben o no están de acuerdo. Que la movilización no es una acción política para entrar en contacto con los otr@s, los diferentes, sino que es una especie de reproducción del cuadro de Diego Rivera: “Sueño de una tarde dominical en la Alameda”.


Se trataba de una movilización que no se hace para cumplir un requisito para vivir con cierta tranquilidad sino una movilización para tratar de que los otr@s, los diferentes, se pregunten sobre lo que está pasando. Se trata de una movilización que no es de consumo interno, sino que busca provocar la reflexión, el debate.


Esto me quedó más claro cuando un día después de la movilización zapatista tuve la oportunidad de escuchar un audio donde en los diversos lugares del territorio zapatista se hacían los balances de la marcha. Como siempre, en el caso de los zapatistas, primero se analizan los errores, las fallas que se cometieron, posteriormente se platica sobre la acción en sí misma.


Entonces, alguien, me imagino que el responsable de los pueblos que participaron pregunta sobre la recepción que tuvieron los volantes. Y los compañeros van explicando, primero el lugar de su acción, luego cómo se conformaron las brigadas, y finalmente cómo recibió la población el volante. Entonces por varios minutos cada uno contaba lo que pasó. Pocos decían que había gente que tiraba el volante después de ver de que se trataba, se decía el lugar donde eso pasó. Otros decían que fue bien recibido y otros decían que incluso suscitaron preguntas y pláticas.


Parecía que se estaba haciendo un mapa de cómo continuar la tarea de informar, platicar, intercambiar con diversos sectores de la población.


De esa manera el trabajo político se des-cosifica, se convierte en algo no sólo natural por necesario, sino que al escuchar a los compañer@s tan animad@s se trata, creo yo, de algo que hacen con una gran alegría, a pesar del tema que están tratando. Sí, una vez más tiene que ver con un concepto muy zapatista, la satisfacción del deber cumplido.

Foto: Enlace Zapatista


Es decir, se trata de hacer una tarea política a partir de la convicción sobre lo que se hace. Realmente cuando escuché ese audio sentí un poco de pena, al compararlo con lo que hacemos.


La estética de la marcha de los pueblos zapatistas contra las guerras capitalistas será un día entendida como algo que nos recuerde lo que una organización de gente luchadora, consciente, comprometida y dispuesta puede hacer.


Desde lo más profundo de la selva Lacandona, de los altos y las sierras de Chiapas, los pueblos originarios zapatistas levantaron un gran NO a la guerra de Rusia en contra de Ucrania y en ese gran NO incluyeron las otras guerras que se están dando en el mundo como en Palestina o en contra del pueblo kurdo o en Siria o en contra del pueblo mapuche o en contra de tantos procesos libertarios que son agredidos, perseguidos, asesinados, silenciados, distorsionados.


Aquí, más que en mil discursos, se entiende el significado profundo de la Gira por la Vida.


Creo que esto es así, porque ell@s entienden mejor que nadie la respuesta a la pregunta de por quién doblan las campanas. Ell@s ya habían hecho la otra pregunta clave hace varios años: ¿Y tú qué?

Foto: Enlace Zapatista


Ciudad de México 15 de mayo de 2022


(En una posible otra entrega hablaría del gobierno de Zelensky, y de algunas conclusiones de esta espantosa guerra).





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