Derribar muros, borrar fronteras: una travesía hacia nuestro reconocimiento mutuo.

Por Inés Durán Matute. Publicado en Camino al andar, 10 de junio de 2021.

Pintura: Bases de Apoyo Zapatistas.


Cuando pensamos en fronteras, imaginamos líneas visibles como las de un mapa que separan países como si fuera algo natural y admitido. Pensamos así que como “mexicanos” tendríamos que resolver nuestros propios problemas, elegir un buen gobernante y hacer lo posible para atraer capital a nuestro territorio. Al final lo que cuenta es mejorar los indicadores en el país; reducir la pobreza, la corrupción y la violencia, aumentar la inversión, la seguridad y el empleo. Pero ¿en un mundo en donde nuestra existencia está en juego es lo único que se necesita?


Si pensamos que esas fronteras han sido impuestas no solamente física sino también subjetivamente para dividir, jerarquizar y controlar, quizá dejaríamos de territorializar nuestra realidad. Sólo cuando percibimos un mundo sin fronteras, sin muros, dejan de tener importancia preguntas como: ¿por qué indígenas de Chiapas habrían de visitar Eslovenia? ¿Por qué estarían interesadxs en luchar con un grupo anarquista en Ámsterdam? ¿Qué en México no hay suficientes problemas como para ir a escuchar lo que está pasando en Austria? ¿Por qué nos importaría a las mujeres que en España se estén organizando para defender a lxs migrantes?


En abril de 2017, lxs zapatistas organizaron el seminario “Los muros del capital, las grietas de la izquierda” con la intención de reflexionar sobre la proliferación de las fronteras y la creciente xenofobia frente a la tormenta. Este seminario iba acompañado de una campaña de solidaridad y organización internacional para apoyar a quienes son perseguidos, detenidos, desplazados y deportados. Así, el subcomandante insurgente Moisés insistió en la clausura que tenemos que luchar en el mundo, pues “no se necesita ser demasiado experto para saber si en los otros continentes explota ahí el capitalismo”.


La ‘Travesía por la Vida’ puede ser vista como una continuación y profundización de esta propuesta. Esta gira global empuja a la creación de espacios de encuentro y articulación con otrxs que sufren y resisten la embestida capitalista, que cuestionan las visiones desarrollistas y que rechazan el individualismo. Esto se da en un contexto en donde se ve cómo las infraestructuras son utilizadas como nuevas fronteras para expandir el capital y continuar jerarquizando los territorios y a las personas. Trenes, carreteras, gasoductos, aeropuertos y parques energéticos e industriales van instaurando estas divisiones en base a la clase, el género, la raza, la etnicidad, la nacionalidad, etc. y reordenando así los espacios y las vidas al servicio del capital.


En México, este escenario hoy se observa en el desarrollo de megaproyectos en el centro-sur del país. El Tren “Maya”, el Corredor Interoceánico y el Proyecto Integral Morelos articulan una nueva frontera para detener la migración centroamericana a Estados Unidos al tiempo que divide y desplaza a las comunidades que atraviesa. Se promete “empleo”, “desarrollo” y “bienestar”, pero esto se traduce en explotación, despojo y violencia. Al mismo tiempo, se endurece otra frontera más, la que separa la humanidad de la naturaleza: jaguares acorralados, un volcán atravesado por un gasoducto, y la biodiversidad de la selva de Los Chimalapas degradada. Se privilegia el turismo, la industrialización y el comercio internacional; en pocas palabras, se pone al dinero por encima de la vida.


Esta realidad no es exclusiva de México. Los parques eólicos en la Sierra de Agrafa (Grecia), la minera en el bosque Hambach (Alemania), el aeropuerto en la comunidad agrícola de Notre-Dame-des-Landes (Francia), las carreteras costeras en Chipre, el gasoducto Trans Adriático (Grecia-Albania-Italia) y el tren ártico (Finlandia-Noruega), son tan sólo unos ejemplos de cómo se reproduce la misma lógica en la geografía europea. Campesinos despojados, bosques derribados y renos desplazados, son tan solo algunas de las consecuencias que han movilizado a lxs insumisxs “europeos”.


Luchar por la vida consiste así en desafiar los espacios del capital, sus cartografías y sus mapas, en derribar estas fronteras y muros e impedir su proliferación. Se trata de encontrar lo que nos hace iguales, de reconocernos mutuamente; por aceptarnos con nuestras diferencias y peculiaridades, entendiendo que sólo juntxs podemos construir futuros. Es decir, es un intento por romper globalmente esas separaciones geográficas (México/España/Nigeria/Colombia/Australia/Vietnam…) y sociales (hombre/mujer/otroa/… o indígena/negro/blanco/europeo/mestizo/…). Pero, sobre todo es entender a la humanidad como parte de la naturaleza. Vivimos en un mundo interconectado e interdependiente en donde humanos y no humanos equilibramos y conservamos juntos la vida. Nuestra geografía debería ser reflejo de eso.


La ‘Travesía por la Vida’ se trata de un viaje a contrapelo de una historia de conquista, de despojo y de explotación, pero también de un mundo construido en base a separaciones, divisiones y cercamientos para la continua reproducción del capital. Así, el Escuadrón 421 navega temporal y espacialmente no para llegar a Europa, sino a SLUMIL K´AJXEMK´OP (“Tierra Insumisa”) con la esperanza de que llegue un mañana sin confines donde nos concibamos como una comunidad vinculadora y generadora de vida. Para subsistir, habrá que derribar muros y borrar fronteras. Esto demanda acción e imaginación, de hazañas como la que este Escuadrón ha decido emprender.



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