¡No nos Conquistaron!: La marcha zapatista en Madrid y el llamado a unirnos en defensa de la vida

Por R. Aída Hernández Castillo Publicado en Camino al Andar

15 de agosto de 2021.

Foto: Voces en Lucha


El 13 de agosto pasado, en el marco de la conmemoración de los 500 años de la caída de Tenochtitlan, se realizó una marcha y manifestación en Madrid encabezada por la delegación zapatista conocida como Ecuadrón 421, integrada por: Lupita (tsotsil), Carolina (tsotsil), Ximena cho´ol), Yuli (tojolabal), Marijose (tojolabal, quien se identifica como otroa), Bernal ( tojolabal) y Darío ( cho´ol). En un verano madrileño, con 40 grados de temperatura y una tercera ola de COVID19, los zapatistas lograron movilizar a unas dos mil personas que se congregaron en la Plaza del Sol y caminaron durante tres horas hasta llegar a la Plaza de Colón.


Este evento histórico fue transmitido por distintos medios independientes a través de las redes sociales, que nos permitieron ser testigos a la distancia, de la manera en que una diversidad de sectores que luchan por la vida, articularon sus voces con las de la delegación zapatista. Sus consignas y las pancartas usadas denunciaban la continuidad de un proyecto de muerte, que sigue colonizado y despojando a los pueblos originarios, y a todos los sectores que se han resistido a convertirse en “súbditos pasivos” de lo que los zapatistas llaman “la hidra capitalista”.


Pudimos ver en el contingente los rostros morenos de los migrantes africanos, muchos de ellos articulados en los sindicatos de “manteros”, que se han convertido en un actor político muy importante, organizados en el “movimiento de los sin papeles” que a la fecha suma un medio millón de personas. Este sector de la población comparte la denuncia de los pueblos originarios en torno a la continuidad del proyecto colonial, pues desde la formación de la Unión Europea, las Leyes de Extranjería contra los llamados “migrantes extracomunitarios” se han utilizado para criminalizar y excluir a los ciudadanos de sus excolonias. Las diásporas de migrantes africanxs y latinoamericanxs, reclama un poco de la riqueza acumulada durante el despojo colonial. Ya el 16 de julio el Escuadron 421 se había reunido en el Centro Comunitario de Aubervilliers, a las afueras de París, con representantes de Les San Papiers quienes compartieron sus experiencias sufriendo el racismo de las instituciones migratorias.

En la marcha vimos también la bandera del pueblo mapuche, conocida como wenufoye, y la bandera multicolor de los pueblos andinos conocida como whiphala, que dan cuenta de la diáspora indígena del Abya Yala en tierras europeas. Fue esa presencia la que marcó el inicio de la marcha, con los cuerpos morenos de los concheros que realizaron un baile ritual para saludar a la delegación zapatistas. Los integrantes del Ecuadron 421, miraban con interés y respeto los rituales y danzas presentadas en la Plaza del Sol, muy distintos de aquellos que se realizan en las zonas mayas de Chiapas. Estos grupos reivindican un origen azteca, y se han convertido en un movimiento transnacional de la “mexicanidad” cuya presencia se deja sentir en muchos lugares de América del Norte y Europa. Sus prácticas culturales han sido analizadas por algunos especialistas como parte de las búsquedas identitarias de los migrantes urbanos que han sido despojados de sus territorios, idiomas y tradiciones culturales por los programas nacionalistas aculturación. Su música y su danza se unieron a la denuncia de la violencia colonial y al recordatorio de la vitalidad y continuidad de las culturales indígenas.


La bandera Palestina se hondeo también durante el recorrido, visibilizando una vez más el vínculo solidario que existe entre el pueblo palestino y las luchas zapatistas. El pueblo palestino, como muchos pueblos originarios de las Américas, ha sido víctima del despojo territorial del Estado colono Israelí, ha vivido la ocupación de sus comunidades, la criminalización de la protesta social, la prisionización de sus jóvenes, convirtiéndose en extranjeros en sus propias tierras. Probablemente se sintieron identificados con el discurso zapatista leído en la Plaza de Colon, cuando Bernal describió la situación de los pueblos originarios en México en estos términos: “Somos extraños, extranjeros, indeseables, inoportunos, en los mismos suelos que fueron cultivados por nuestros ancestros”.


El discurso polifónico, leído a siete voces, conmovió a quienes pudieron escucharlo presencialmente, según declararon los entrevistados por Lola Cubells, quien nos acercó con su micrófono a diversos sectores que asistieron a la marcha. Con un estilo muy profesional, nos dio contexto para entender el simbolismo detrás de la bandera rojigualda, considerada por muchos símbolo del franquismo; o las manifestaciones contemporáneas del colonialismo español, nos presentó también a los activistas que desde Francia vinieron acompañando a la delegación y aquellos que desde territorio español se movilizaron para asistir a este evento histórico.


Las emociones descritas por los entrevistados, hacían eco a los sentimientos removidos por las voces zapatistas en aquellos y aquellas que pudimos escucharlos a la distancia. Se trata de un texto político profundo, pleno de metáforas poéticas que nos llevan a desestabilizar nuestras certezas en torno al nacionalismo, a lo que entendemos por política, a la importancia de construir comunidad desde la diferencia y a lo estratégico de reconocer la validez de las múltiples luchas que atacan las cabezas diversas de la hidra capitalista. No es mi intención aquí reproducir su contenido, sino más bien invitar al lector a leerlo con calma, reflexionando y saboreando cada palabra (Apenas 500 años después « Enlace Zapatista (ezln.org.mx)).


Se trató de un evento histórico único, no solo porque las voces rebeldes se apropiaron de una plaza que es un memorial a Cristóbal Colón, en donde hondea la bandera española, un monumento al colonialismo, sino también porque será de las pocas veces en este recorrido por la vida, en el que “unos pocos hablen y muchos escuchen”. Los zapatistas nos aclararon que ya no habrá grandes eventos, en el resto del recorrido se trata de escuchar y aprender de esos proyectos de resistencia, que no siempre son visibilizados por los medios. Al respecto recuperaron las metáforas de la siembra, siempre presentes en el discurso zapatista: “Nosotros hemos aprendido que las semillas se intercambian, se siembran y crecen en lo cotidiano, en el suelo propio, con los saberes de cada quien. El mañana no se gesta en la luz. Se cultiva, se cuida y se nace en las sombras inadvertidas de la madrugada, cuando la noche empieza apenas a ceder terreno. Los terremotos que sacuden la historia de la humanidad empiezan con un “ya basta” aislado, casi imperceptible. Una nota discordante a la mitad del ruido. Una grieta en el muro”. Con la sencillez y profundidad que los caracteriza, cuestionaron las formas tradicionales de entender la política, recuperando esta política de lo cotidiano, desde donde ellos vienen construyendo desde hace 27 años un proyecto autonómico, con justicia y dignidad.


Como estudiosa y crítica del nacionalismo mexicano, me sorprendió también escuchar una de las críticas más contundentes que han hecho los zapatistas al nacionalismo. Acostumbrada a ver la bandera mexicana subir y bajar en los eventos zapatistas, recordaba la sorpresa en el rostro de los anarquistas catalanes cuando en 1996 en el Primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo vieron hondear la bandera española, junto con otras banderas de los países cuyos ciudadanos asistieron al encuentro. En estas casi tres décadas de construcción de una educación autónoma zapatista, se ha desarrollado también una crítica al nacionalismo posrevolucionario, uno de los más hegemónicos y efectivos en este continente que llaman América Latina. Criticando de manera velada el uso que presidente Andrés Manuel López Obrador ha hecho del discurso nacionalista, en sus reclamos al Estado español, los zapatistas señalaron: “Detrás de los nacionalismos se esconden no sólo las diferencias, también y sobre todo los crímenes. Bajo un mismo nacionalismo se cobijan el macho violento y la mujer agredida, la intolerancia heterosexual y la otredad perseguida, la civilización depredadora y el pueblo originario aniquilado, el capital explotador y los trabajadores subyugados, los ricos y los pobres. Las banderas nacionales ocultan más de lo que muestran, mucho más”. Es a partir de esta crítica que nos llaman a construir alianzas más allá de las fronteras nacionales, a articular nuestra lucha local para poder atacar el corazón de la hidra. Nos llaman a hacer a un lado las historias del pasado que nos separan y construir futuros, con quienes habitan este territorio renombrado como Slumil K’ajxemk’op o Tierra Insumisa.


Este discurso centrado en la defensa de la vida y en la construcción de un futuro digno, contrastó con la clase de historia impartida por el presidente mexicano en su conferencia mañanera, en donde de nuevo la mirada estaba centrada en el pasado, para ocultar las violencias y despojos del presente (La Conquista fue un fracaso: el discurso de AMLO por la caída de Tenochtitlan (forbes.com.mx). Si bien es importante reconocer que fue un discurso muy bien logrado, casi erudito, en donde se veía la influencia del historiador Pedro Salmerón, muy cercano a la presidencia. Fue un texto en donde una vez más el presidente pretende desviar la mirada de sus políticas de despojo, enumerando los despojos del pasado. Finalizó el discurso con una promesa, que como muchas otras, será incapaz de cumplir: “Ojalá todos hagamos el compromiso de la no repetición, de no repetir los mismos errores y horrores. Pongamos fin a esos anacronismos, a esas atrocidades y digamos nunca más una invasión, una ocupación o una conquista, aunque se emprenda en nombre de la fe, de la paz, de la civilización, de la democracia, de la libertad o, más grotesco aún, en nombre de los derechos humanos”. Mientras el presidente hablaba, organizaciones indígenas en distintas partes del país denunciaban los múltiples casos de despojos que este gobierno ha hecho en nombre del “progreso”. Los mayas opositores al “Tren Maya” que destruye sus selvas, sus cenotes, sus lugares sagrados; los nahuas que luchan contra el Proyecto Integral Morelos, que los despojará de sus tierras y contaminará sus ríos. Los otomíes, migrantes urbanos que han sido despojados de sus viviendas por los procesos de gentrificación en la capital del país.


Los eventos de simulación que caracterizaron la “conmemoración oficial de la caída de Tenochtitlan” incluyeron la inauguración de una maqueta del Templo Mayor iluminada con luces de neón. A unas cuantas cuadras representantes de la comunidad nahua de Ostula, acompañados por la vocera del Concejo Indígena de Gobierno, María de Jesús Patricio, entregaban un “amicus curiae” en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, pidiéndole a la Corte atraiga el caso de la restitución de sus tierras.


De los dos lados del Atlántico los pueblos originarios levantaron sus voces este 13 de agosto, para recordarnos que ¡No fueron Conquistados! Para visibilizar sus luchas locales, pero también para llamarnos a articular esfuerzos para defender la vida y construir una sociedad distinta con “nuevas relaciones entre los seres humanos y entre la humanidad y la naturaleza, a la cual se le pondrá el nombre que a cada quien le dé la gana”.

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