Arte o Artista - Sobre el Acervo de Arte de la Casa de los Pueblos y Comunidades Indígenas

Publicado en Taller Ahuehuete

01 de Febrero de 2022

Por Taller Ahuehuete


Desde la Casa de los Pueblos y Comunidades Indígenas "SAMIR FLORES SOBERANES", antes conocida como el INPI, el 26 de enero de 2022, la comunidad otomí ofreció una conferencia de prensa.


Hablemos de… ¿arte?


El 24 de enero de 2022, el periódico mexicano Reforma publicó el siguiente titular:

La Colección de Arte Indígena está en riesgo, luego de que el gobierno no se ha hecho responsable de su mantenimiento tras la toma de posesión del INPI.

El artículo afirmaba que "el abandono que sufre la Colección de Arte Indígena del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) se debe a que quienes han ocupado su sede en la colonia Xoco no permiten el acceso a personal especializado, según acusa el titular de la institución, Adelfo Regino Montes".


Mientras la institución afirma que la colección sufrió de un gran abandono, sobre las condiciones de desamparo sistémico vividas por la aludida pero nunca debidamente mencionada comunidad otomí no hubo referencia, como lo presentamos hace unas semanas,

"durante 20 años los otomíes han buscado el acceso a una vivienda digna. Han vivido en edificios derruidos y en campamentos sin servicios básicos en terrenos abandonados de la Ciudad de México.
Este último sitio fue abandonado tras el terremoto de 1985, pero el de 2017 lo dejó inhabitable y obligó a la gente a acampar en la calle.
El año pasado fueron desalojados de ahí, viviendo en la calle, sin que las autoridades de la ciudad cumplieran con legalizar su situación."

Naturalmente, sólo la mercancía sufre de abandono en la narrativa del sistema, como se presenta a continuación:

"El funcionario afirma haber estado presente en tres ocasiones cuando la comunidad otomí de la Ciudad de México, que tomó el edificio en octubre de 2020, impidió el acceso al mismo para comprobar el estado de la valiosa colección."

Como nos recuerdan el Subcomandante Insurgente Moisés y Sup Galeano1, para el sistema, el destino de los pueblos originarios está en los museos, en los estudios especializados en el campo de la antropología, en los mercados de artesanías y en la imagen de una mano extendida para pedir limosna.

Debe ser bastante exasperante para los abogados y teóricos de la máquina encontrarse con un tipo de analfabetismo que no entiende las palabras "consumo", "beneficio", "progreso", "orden", "modernidad".
Para que estos analfabetos y atrasados se pongan al día con la civilización, el sistema emplea rejas, balas, desapariciones y programas de ayuda que siembran la división y el conflicto. Claro que hay quienes se venden y entregan a su propio pueblo al verdugo, pero hay comunidades que se mantienen firmes en su rebeldía porque saben que nacieron para vivir y que las promesas de "progreso" ocultan la peor clase de muerte: la del olvido.

El Pasado y el Presente


Eduardo Galeano compartió en su obra Las venas abiertas de América Latina (1971) que la veneración por el pasado siempre ha contenido una tendencia reaccionaria.


Para Galeano, esta proclividad conservadora "elige el pasado porque prefiere a los muertos: mundo quieto, tiempo quieto. Los poderosos, que legitiman sus privilegios por la herencia, cultivan la nostalgia.”


La historia “se visita como un museo; y esa colección de momias es una estafa. Nos mienten el pasado como nos mienten el presente: enmascaran la realidad. Se obliga al oprimido a que haga suya una memoria fabricada por el opresor, ajena, disecada, estéril. Así se resignará a vivir una vida que no es la suya como si fuera la única posible."

Una de las principales funciones del INPI consiste en conservar, documentar y difundir el patrimonio cultural de los pueblos indígenas en sus acervos.


Respecto al acervo de arte indígena, la prensa señaló:

"REFORMA denunció que las más de 20.000 piezas que componen la colección permanecen desatendidas en un almacén, bajo llave, con los marcos de las puertas sellados con cinta adhesiva, o tras una barricada de cajas, y a merced de la humedad y los cambios de temperatura. La estabilidad de las condiciones microclimáticas que las piezas requieren para su conservación se ha visto comprometida por varios cortes de luz durante el año y tres meses que lleva ocupado el edificio”.

Si bien la consternación circula la obra de arte desatendida en un almacén -a merced de la humedad y los cambios de temperatura- antes de la expropiación del edificio federal, los "colectivos otomíes asentados en la capital del país durante el apogeo de la pandemia del CoVID-19 sobrevivían en campamentos improvisados o vivían en edificios derrumbados, sin techo firme, ni agua corriente", como describieron Javier Hernández y Carlos Acuña2.


La rueda de prensa


El 26 de enero de 2022, desde el edificio previamente asociado con el INPI, la comunidad otomí ofreció una conferencia de prensa para abordar las acusaciones.

Preguntaron durante la rueda de prensa al titular del INPI, “¿olvidó que no nos escuchó, que nos atendía durante más de un año y seis meses, a pesar de nuestros múltiples intentos por dialogar?"


Según Regino Montes, "la incautación del INPI ha afectado los esfuerzos de las autoridades locales que buscan beneficiar a las comunidades”. Cualquier pérdida de los bienes “será responsabilidad de quienes han bloqueado el acceso a los mismos".


Señaló a "la persona que los dirige, es decir Diego García3, que tendrá que asumir las consecuencias de este daño que está causando al Instituto, y en particular a este patrimonio tan importante".


A pesar del escepticismo del burócrata frente a “la voluntad de llegar a acuerdos y cumplirlos”, pues de la comunidad otomí declara percibir “sólo un conjunto de pretextos para seguir apoderándose de los bienes de la institución4", en la más reciente conferencia de prensa de la comunidad se propuso otra oportunidad para conversar pacíficamente con los representantes del aparato estatal.


La iniciativa de las ocupantes es que académicos, investigadores y expertos de diferentes áreas e instituciones, "pero sobre todo los pueblos originarios y las comunidades indígenas", participen en las mesas de diálogo para definir qué se debe hacer con las piezas artísticas.


Diego García y las representantes de la comunidad otomí indicaron que la colección está guardada en un cuarto del edificio, “cuya puerta está sellada y bajo llave, por lo que no hay forma de conocer el estado de las obras ni su número.”


Dijeron que el director del INPI posiblemente sabe que la colección artística no está completa y pretende culpar a los grupos por si falta algo5.


Añadieron que el pueblo que tomó la sede del instituto hace un año y tres meses no va a devolver el edificio -como ya habían anunciado en agosto del año pasado- una vez que bautizaron el edificio "Samir Flores Soberanes", en homenaje al defensor de la tierra y periodista asesinado en febrero de 2019.


No todo lo que brilla es oro, y si sí, es de BANAMEX


El Fomento Cultural Banamex (o Citibanamex desde 2001) conserva los bienes artístico-culturales de México que "constituyen un catálogo tan significativo de la historia del que incluso el presidente de México ha comentado la situación", declaró para El País6 una historiadora que anteriormente fue asesora de la división cultural de Citibanamex.

"Es la colección privada de pintura más importante del país7", añadió. El destino de alrededor de 2,000 obras de arte mexicanas que datan del siglo XVII hasta la actualidad pende de un hilo por el momento, después de que su propietario, Citigroup, decidiera vender Citibanamex, la operación bancaria mexicana.


López Obrador respondió a la noticia: "vamos a ver los aspectos legales, pero no queremos crear problemas para la venta ni crear obstáculos, porque queremos demostrar que en México hay verdadero estado de derecho y hay garantías para los inversionistas."


Esta cortesía, característica de la administración de López Obrador, sólo se extiende a la clase con poder adquisitivo.


En cuanto a esta demanda a la que la obra de arte acude como el proxy discursivo que el gobierno y la prensa han elegido, se trata de una relación social definida entre humanos, que asume, a sus ojos, la forma fantástica de una relación entre cosas "de la misma manera que la luz de un objeto es percibida por nosotras, no como la excitación subjetiva de nuestro nervio óptico, sino como la forma objetiva de algo fuera del propio ojo8.”


Una mercancía parece, a primera vista, una cosa trivial, y fácilmente inteligible. Sin embargo, su análisis muestra que es, en realidad, "una cosa muy extraña, que abunda en sutilezas metafísicas y matices teológicos. Mientras sea un valor en uso, no tiene nada de misterioso, tanto si la consideramos desde el punto de vista en el que, por sus propiedades, es capaz de satisfacer las necesidades humanas, como si lo hacemos desde el punto de vista en el que esas propiedades son el producto del trabajo humano9".


Transformamos los materiales proporcionados por la naturaleza para hacerlos útiles. La madera, por ejemplo, cambia de forma al hacerse una silla de ella. Sin embargo, la silla sigue siendo esa cosa común y corriente: la madera.


Pero, tan pronto se convierte en una mercancía, “se transforma en algo trascendente10” – no porque se convierta físicamente en algo distinto a la madera, sino por su propio ser y su propósito como tal. En este caso, el otrora cuerpo artístico como resultado del intelecto creativo indígena, antes de propiedad comunal, ahora es la preciada posesión de los que se posicionan como eternos guardianes de la estética: el gobierno federal mexicano.


Para los representantes del Estado, garantizar la protección de esta colección de arte indígena es mucho más importante que garantizar las aportaciones artísticas presentes y futuras derivadas de la experiencia sublimada por sus creadoras vivientes, herederas de este legado, es decir, las comunidades indígenas en la periferia.


Existe una ley de población característica del modo de producción capitalista; como sabemos, la acumulación va acompañada por la condena de una parte de la clase trabajadora a ejercer una ociosidad forzada, mientras el exceso de trabajo persigue al otro sector.


No es la sobrepoblación, sino la sed vampírica por extraer lucro, la que aumenta la demanda de trabajo. Con su otra mano, crea las circunstancias para que el otro sector sea redundante para la fuerza de producción.


Al infligir marginalización sobre las desempleadas, se impulsa a las afortunadas de encontrarse "empleadas" a suministrar más mano de obra por menos, por miedo a pasar a formar parte de la reserva liberada del confinamiento laboral asalariado: en otras palabras, las trabajadoras aceptan sus condiciones por terror a formar parte de las desamparadas, las descalificadas para unirse a la danza del despertador-hora de salida-despertador-hora de salida hasta que una muere.


Si volvemos a nuestra silla fabricada a partir de los materiales que se encuentran en la naturaleza de la metáfora anterior, el capital exige la producción de infinitas sillas vigilando muy de cerca a un sector de la población, impidiéndole no sólo sentarse jamás en este mobiliario, sino también acercarse a él o ayudar a producirlo, a pesar de su capacidad y su disposición. El arduo trabajo de la clase obrera aumenta las filas de la reserva, "mientras que, a la inversa, la mayor presión que ésta ejerce por su competencia sobre la primera, obliga a ésta a someterse al exceso de trabajo y a la subyugación bajo los mandatos del capital".


El pauperismo "es el hospital del ejército laboral activo y el peso muerto del ejército industrial de reserva. Su producción está incluida en la de la población excedente relativa, su necesidad en la de ellos; junto con la población excedente, el pauperismo forma una condición de la producción capitalista."


La misma canción de siempre: para las obras de arte, debemos aspirar a asegurar la "estabilidad de las condiciones microclimáticas que las piezas requieren para su conservación".


¿Para el excedente relativo de la población, el ejército industrial de reserva? Las calles.


1Subcomandante Insurgente Moisés, SupGaleano. 300. Part II: A Continent as a Backyard, a Country as a Cemetery, Pensamiento Único as a Government Program, and a Small, Very Small, Ever So Small Rebellion. Enlace Zapatista.


2Hernández Alpízar, Javier. Acuña, Carlos. Otomíes en CDMX. Corriente Alterna | (2020)


3Líder de la Unión Popular Revolucionaria Emiliano Zapata-Benito Juárez.


4Cabe recalcar que la misión del aparato institucional declara: “El Gobierno de México, en el proceso de la Cuarta Transformación Nacional, reconoce a los pueblos indígenas y afromexicano como sujetos de derecho público, con capacidad de definir libremente sus formas de organización política y jurídica, así como su desarrollo económico, social y cultural, conforme a lo establecido en la legislación nacional e internacional, para superar las condiciones de pobreza, marginación, desigualdad, exclusión y discriminación que histórica y estructuralmente han vivido.” El INPI señala su misión “representa el compromiso de servir obedeciendo Ia voluntad del pueblo”. Una contradicción interesante, considerando la declaración expuesta a la prensa en yuxtaposición.


5Servín, Fernando Camacho. La Jornada, “Otomíes convocan a titular del INPI a retomar mesas de diálogo” (2022)


6El golpe 'sentimental' de la venta de Banamex | EL PAÍS (2020)


7Dafoe, Taylor. A Massive Trove of Art by Kahlo, Rivera, and Others Hangs in the Balance as Citigroup Prepares to Sell Off Its Mexican Bank (2022).


8Marx, Karl y Engles, Frederick. Obras Completas: El Capital, vol.1. Nueva York: International Publishers, 1996.


9El diario de Hello Kitty en el que Lluvia Benjamín dejó sus notas garabateadas usando una pluma de gel rosa sobre "Marx, Karl. El Capital Volumen Uno. Parte I: Las mercancías y el dinero".


10Como está acotado al margen de un post-it: "El empobrecimiento entra en una de aquellas formas faux frais de la producción capitalista; pero el capital sabe desprenderse de esta clase, en su mayor parte, de sus propios hombros para echarlos sobre los de la clase obrera y la clase media baja", y otras notas de El Capital Vol. I, Capítulo Veinticinco: La Ley General de la Acumulación Capitalista. Saludos al barbón.

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